martes, 18 de febrero de 2014

USO Y DISFRUTE DE LA VIVIENDA FAMILIAR

Llega la hora de separarse y llega la hora de preguntarse cuál de los dos cónyuges o progenitores se queda en el piso y quien se marcha del mismo. Si son capaces de llegar a un acuerdo sobre la atribución del uso de la vivienda familiar, no hay problema. Su Señoría no va a ir contra la voluntad de las partes siempre y cuando no sea lesiva a los intereses de sus hijos. Dicha atribución de la vivienda, también puede servir para satisfacer, en parte, la pensión de alimentos de los hijos que convivan con ese progenitor, o su propia pensión compensatoria.

Foto: http://www.heraldo.es
El problema llega cuando no hay acuerdo entre los cónyuges. Entonces Su Señoría debe atribuir el uso de la vivienda familiar a alguno de ellos (o a ninguno). Y lo hace en atención a dos criterios:

a) Atendiendo al criterio de que a quien le haya correspondido la guarda y custodia de los hijos menores debe corresponderle también el uso de la vivienda familiar (mientras dure ésta guarda y custodia).

b) Atribuir la vivienda familiar al progenitor más necesitado, al económicamente más débil. No tiene por qué coincidir con el progenitor al que se le ha atribuido la custodia de los hijos.

Cuando la guarda y custodia de los hijos es compartida, la autoridad judicial suele (y digo "suele") aplicar el criterio de atribuir la vivienda al progenitor más necesitado. Del mismo modo, se aplica este criterio cuando los cónyuges no tienen hijos o éstos son mayores de edad y económicamente independientes.

En el caso de atribuir la vivienda al progenitor (o cónyuge) más necesitado, esta atribución puede prolongarse más allá de que los hijos cumplan la mayoría de edad y sean económicamente independientes, siempre y cuando sea previsible esta necesidad. Si va a ser previsible, y si el menor tiene cierta edad (12-16 años) se puede solicitar el uso de la vivienda por ser el progenitor que tiene la guarda y custodia, también el más necesitado más allá de que el menor cumpla los 18 años (hasta los 25 años considero que sería factible). De este modo, se evita tener que solicitar una prórroga de la atribución del uso de la vivienda antes de que el menor cumpla los 18 años. En cualquier caso, esta mayor necesidad debe acreditarse (ingresos económicos, gastos, perspectivas de futuro, etc.).

Eso sí, siempre que se atribuya el uso de la vivienda a un progenitor (sea por el criterio que sea), éste debe tener en cuenta que esa atribución es temporal por mucho que pueda prorrogarse durante un tiempo.

Existe una tercera posibilidad: que el uso de la vivienda familiar no sea atribuido a ninguno de los cónyuges, siempre que lo solicite uno de ellos y cuando se de uno de los supuestos siguientes:

a) Que el cónyuge al que debería beneficiar el uso de la vivienda por corresponderle la guarda exclusiva de los menores, tenga medios suficientes para atender sus necesidades de vivienda y la de los hijos. Se acostumbra a utilizar cuando interesa liberar de la propiedad el inmueble.

b) Que el cónyuge que debería ceder el uso pueda asumir y garantizar el pago de las pensiones de alimentos de los hijos y, en su caso, de la pensión compensatoria del otro cónyuge en una cuantía que cubra suficientemente las necesidades de vivienda de estos.

Podría sustituirse también el uso de la vivienda por una prestación dineraria, ya sea como incremento de la pensión de alimentos o compensatoria o una cantidad aparte.

Y aún existe una cuarta posibilidad: concediéndose la custodia compartida ambos progenitores, deciden que el uso de la vivienda se atribuya a los hijos menores y sean los progenitores los que roten de manera temporal, en función de los períodos en los que asuman sucesivamente la guarda y custodia de sus hijos, de tal manera que la convivencia con éstos se haga en el domicilio que fue familiar.

Una típica pregunta que suele hacerse: el progenitor que tiene el uso de la vivienda, ¿puede meter a su nueva pareja en el piso?. El hecho de que el cónyuge al que se le haya atribuido el uso de la vivienda familiar inicie una convivencia marital con otra persona será causa de extinción de ese derecho de uso sólo si el mismo ha sido atribuido atendiendo al criterio del cónyuge más necesitado (si se ha atendido al criterio de ser el cónyuge que ostenta la guarda y custodia de los hijos, no es motivo de extinción de ese derecho de uso). Y como todo, hay que acreditar que existe esa convivencia con la nueva persona.

Y con independencia de a quién se le atribuya el uso de la vivienda familiar, ¿qué gastos debe pagar cada uno de la misma?. Pues salvo pacto en contrario (la voluntad de las partes prevalece), los gastos de hipoteca si lo hubiere, se seguirán abonando como se venía haciendo antes de la separación (si el préstamo hipotecario fue suscrito por igual, ambos deberán seguir abonando la mitad del mismo, si el préstamo hipotecario fue suscrito por uno sólo porque la vivienda era privativa de él, estará obligado a seguir abonando sus cuotas). Los gastos de uso de la vivienda (luz, agua, gas, impuestos, etc.) en principio los pagará el cónyuge o progenitor usuario de la misma. Aunque como siempre, Su Señoría tiene la última palabra y puede tomar otra decisión distinta a ésta que estoy exponiendo, siempre y cuando sea motivada, evidentemente.

Luis Miguel Almazán

Abogado de familia

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