viernes, 25 de octubre de 2013

EL MENOR LACTANTE EN UN PROCESO DE SEPARACIÓN O DIVORCIO

Las situaciones de separación o divorcio de parejas con hijos en edad lactante suelen ser controvertidas por cuanto hay que dilucidar si deben prevalecer los beneficios de dar el pecho al menor sobre la necesidad afectiva que ha de tener el menor con su padre.

Foto: https://www.buenasalud.net
En los trámites de separación, no es raro que un padre que desea la custodia o un régimen de visitas amplio, esgrima argumentos en contra de la lactancia prolongada para conseguirlo. El problema viene cuando se pretende determinar el periodo de lactancia de un menor, pues es fácil que el juez se acoja a la idea laboral del permiso de lactancia que suele durar nueve meses. Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y numerosas organizaciones sanitarias (entre ellas la Asociación Española de Pediatría) recomiendan y fomentan la lactancia materna exclusiva los seis primeros meses de vida y, de forma complementaria durante dos o más años.

No voy a negar, pues están científicamente constatados, los beneficios que proporciona la alimentación al pecho, tanto para el niño como para la madre y lo considero un motivo justificado para adaptar un régimen de visitas del padre para no perjudicar al menor. Pero del mismo modo, soy un acérrimo defensor de que el menor mantenga el vínculo con ambos progenitores por encima incluso de la lactancia materna.

Es evidente que lo ideal podría ser que el niño siguiera tomando el pecho hasta los dos o tres años, y esto seria viable si los padres no se hubieran separado. Pero al haber una separación de por medio, ya nos encontramos con una situación excepcional. Lo razonable sería llegar a un acuerdo sensato y consensuado por ambas partes y evitar a toda costa que tenga que ser un tercero ("Su Señoría") quien tenga que decidir sobre el mismo.

No obstante lo anterior, he de añadir que jurídicamente no existe limitación alguna basada en la edad para que el menor pernocte con el padre. El sexo del progenitor no limita su capacidad para atender a un niño, tenga la edad que tenga. Ni tan solo el hecho de que el menor se alimente por lactancia materna sería obstáculo a la pernocta, ya que si es posible mantener la lactancia materna mientras la madre regresa a su actividad laboral, con elementos como los extractores de leche y la posibilidad de congelación de la misma, lo mismo se podría aplicar a la pernocta paterna. Por tanto, hoy en día ya no se sostiene que la lactancia materna sea un obstáculo insalvable para la pernocta del menor con el padre. Lo cual no oculta que la lactancia materna sigue siendo determinante a la hora de otorgar a la madre la guarda y custodia del menor.

En conclusión, lo ideal sería fijar de mutuo acuerdo una guarda y custodia y un régimen de visitas por fases:

- Desde que el niño nace hasta que cumple seis meses es recomendable que la mayoría de las pernoctas las hiciera con la madre (lo que no significa que hayan de ser todas) y un régimen de visitas de dos o tres horas al día para que el menor pueda estar con su padre, manteniendo el mismo régimen de visitas en los periodos de vacaciones. Es razonable que durante al menos los seis primeros meses de vida, se proteja la lactancia materna.

- A partir de los seis meses, el niño habrá dejado de ser exclusivamente lactante y por tanto el padre podrá participar más en sus cuidados, ampliando el régimen de visitas a fines de semana alternos, con pernocta, y dos visitas entre semana. Es también razonable que a partir de los seis meses prevalezca la necesidad del menor de mantener el vínculo afectivo con ambos progenitores, sobre la lactancia materna que ya no es exclusiva.

- Finalmente, cuando el menor cumpla un año, podría concederse perfectamente la custodia compartida siempre que el padre tenga la actitud, la aptitud y la disposición para hacerse cargo del menor en iguales condiciones que la madre.

Por desgracia no siempre los progenitores son capaces de llegar a un acuerdo por el bien de sus hijos y es entonces cuando no queda más remedio que acudir a la vía contenciosa...y que sea lo que Su Señoría quiera.

Luis Miguel Almazán

Abogado de familia